GATO CON BOTAS
I
Consígueme una mula
para tirar este corazón
a la basura
II
¿A qué hora
pasa el carro
de la basura?
-No sé,
hoy hay restricción.
III
Ya no me queda tinta
en la impresora.
No sé dónde
voy a imprimir
mis tonteras.
Camino al negocio,
al almacén
de barrio.
Entro, cuando del cielo
cuelgan avisos publicitarios
y cuando en la vitrina
está el gato negro
durmiendo
o mirándome.
Nunca pude
notar la diferencia.
IV
Si miro al cielo
y respiro pensando
qué será de ese gato,
no puedo dormir.
¿A cuánta gente
le habrá deseado
mala suerte?
-Nunca me gustaron
mucho los gatos-
Y estoy seguro
como nunca antes
que ese gato del almacén
es el culpable
de esta mala racha.
V
¿Qué se hace en reunión
de almas sin suerte?
-Se leen las cartas.
VI, mirándote.
He notado algo extraño
en tu mirada.
No sé si es que te aburriste
o simplemente,
hoy no me quieres ver.
Te cuento un chiste
-No te ríes-
Te voy a dar la mano
-Guardada en tu bolsillo-
Te invito a comer
-Estás a dieta-
Te voy a dar un beso
-Labial recién puesto-
Miro al cielo
-Gato maldito-
VII
Estoy solo
como siempre
un sábado por la noche.
Las nubes se escondieron
cuando las aves quisieron
aprender a volar.
Mis ojos se fueron
cuando mis lágrimas
quisieron derramar.
La máquina de escribir
la perdí
hace años atrás.
Y todavía no la encuentro,
es más,
la voy a ir a buscar.
VIII
Alicia
me despertó esta mañana
con un beso
en la mejilla.
Me preguntó
cómo andaba mi corazón,
si estaba sanado
si había empeorado.
Yo había dormido
dos horas
-como mucho-.
Me había quedado
hasta las cinco
de la mañana
contando los lunares
de su espalda.
Le dije:
Tienes doscientos lunares
en la espalda.
Me dijo:
No sabes contar,
son doscientos tres.
Le dije:
¿Cómo es posible?
Me dijo:
Lo sé bien,
Andrés,
el ingeniero,
los cuenta
de lunes a viernes.
Le dije:
Soy poeta,
no ingeniero.
Me dijo:
Lo noté.
-Y se fue-
IX
De nuevo
el gato me estaba
mirando.
Compré tres litros
de leche
chocolatada.
Salí a la vereda
con un frío
infernal,
-poco digo-
si hasta los bigotes
tenían escarcha.
X, ordenando.
Abrí la caja
empolvada hasta el tope
de un polvo rancio
como si llevara
cuatro años
y cinco meses
donde mismo.
-Me acordé de ti-
XI
Si el mar es azul,
profundo e inmenso.
Y te cuento,
que en el aprendí
a nadar.
¿Por qué no pude nadar
-en tu cuerpo-
con mi amor sincero?
XI
¿Te acuerdas
cuando dije que todo
sería para siempre?
Cuando el amor se acabaría
tu recuerdo viviría
en mi ser.
Que si te lloraría un mes
te recordaría tres.
Me recuerdas, tal vez.
Si me fui un día martes
a eso de las diez
tomé la micro
y en el paradero
-en un robo-
mi celular entregué.
Cuando te grité
¡Quédate!
porque tenía un regalo
para ti.
Cuando tu cabeza levanté
en la frente besé
una lágrima sequé
y te dije
Todo estará bien.
Me recuerdas, tal vez.
Me la rechazaste
y aún así
tu mano tomé.
Te abracé
por un segundo
y te tuve un mes.
Me recuerdas, tal vez.
Cuando escribí una carta
de tres planas
y un simple gracias
esperé.
Cuando me creí superhéroe
un ramo de flores
te entregué
y un simple beso
esperé.
Cuando no me contestaste
y te entendí.
-O al menos lo intenté-
Me recuerdas, tal vez.
Como yo te recordé
cuando esa caja
desempolvé
y saqué cada uno
de esos poemas
que te dediqué.
Y vi esa foto
tuya con sonrisa
que tanto guardé.
Cuando me di cuenta
que nunca te tuve
y que nunca
te tendré.
Me recuerdas, tal vez.
Como yo te recordé
-como yo te extrañé-.
Cuando sentí
que me equivoqué
que de una mujer
que no me quiso
me enamoré.
Te ha pasado, tal vez.
Sentirte rechazado
-solitario-
en un almacén.
XII
Estaba sordo
o no quería escuchar.
Salí a la plaza
y prendí un cigarrillo.
Me fumé hasta el filtro
y me levanté.
Crucé la calle-
-abrí la reja
entré-
-miré
cerré la reja-
-caminé sobre piedras
la puerta abrí-
-entré
cerré-
Subiendo las escaleras
al cielo miré
húmedo
cayéndose a pedazos
Entré a mi pieza.
estaba aún con pijama.
las luces apagué.
Y me acosté.
XIII, adiós.
Tomé unas tijeras
una peineta
o un peine
-no importa-
Tomé mi cabello
y lo asesiné.
-Sangre hasta los tobillos-
Me despedí
con un beso en la mejilla
le dije adiós a los niños
y a las niñas.
En la mesa
todo lo que podía entregar
tres cajas
de litro cada una
de la mejor leche
que vendían en el almacén.
-Chocolatada, por cierto-
XIV
Con el miedo
a flor de piel
tomé el tren.
Una señorita
de poca monta
me sonrió
le faltaban tres dientes
y un poco de amor.
Buena moza pese a todo
me miró todo el viaje
yo con un ramo de flores
marchito
y ella con un corazón
conscripto.
No cruzamos palabra
me bajé en dos estaciones
más allá
de la anterior
a la de ella.
XV, con pestillo.
Los niños duermen
no quiero que seas desubicado
aparte,
la señora del almacén
me dijo como
le coqueteas.
Ese pelo
tan largo
que tienes me apesta.
-A ella le gusta-
Si no fuera
porque iba sin lentes
no te habría entregado
mi número telefónico
hace cuatro años.
-A ella le gusté-
Si no estamos
dejemos de estar
que solo gastamos
aliento
y ya no queda aire
que respirar.
Me recuerdas, tal vez.
Era el tipo peculiar
que te sedujo con una mirada
las palabras
solo vinieron
a empeorar.
-Tú nunca leíste-
Los poemas que te entregué
y adivina
por qué lo sé:
Al final de cada poema
y de cada carta anoté
si este poema - si esta carta
terminaste
alguna vez que te pregunte
-mi amor-
¿Me recuerdas?
me responderás
tal vez.
Créeme que lo intenté
pero muchas veces
te pregunté
y respondiste
no sé.
XVI
Amor
a dónde fuiste
que me dejaste aquí
Si el mar es tierra
del barco
en el que me subí
Te buscaba cada día
detrás de cada ola
empezando
por donde te perdí
Si la locura fue cordura
viendo lo que nunca fui
te tuve pensando
en que nunca te vi
Y que fue todo mentira
tanto que pienso
que el dolor
en mi pecho
es el beso que
nunca te dí
Enrique Soto Muñoz, escrito la noche del sábado, madrugada y noche del domingo, para ser terminado la madrugada del lunes.
-
Gato con botas
lunes, 29 de junio de 2015
Publicadas por J. de la Ribera a la/s 2:33 a.m. | 0 comentarios | Enviar esto por correo electrónico BlogThis! Compartir en X Compartir en Facebook |