Rss Feed
  1. Gato con botas

    lunes, 29 de junio de 2015

    GATO CON BOTAS


    I

    Consígueme una mula
    para tirar este corazón
    a la basura



    II

    ¿A qué hora
    pasa el carro
    de la basura?

    -No sé,
    hoy hay restricción.



    III

    Ya no me queda tinta
    en la impresora.
    No sé dónde
    voy a imprimir
    mis tonteras.

    Camino al negocio,
    al almacén
    de barrio.

    Entro, cuando del cielo
    cuelgan avisos publicitarios
    y cuando en la vitrina
    está el gato negro
    durmiendo
    o mirándome.

    Nunca pude
    notar la diferencia.



    IV

    Si miro al cielo
    y respiro pensando
    qué será de ese gato,
    no puedo dormir.

    ¿A cuánta gente
    le habrá deseado
    mala suerte?

    -Nunca me gustaron
    mucho los gatos-

    Y estoy seguro
    como nunca antes
    que ese gato del almacén
    es el culpable
    de esta mala racha.



    V

    ¿Qué se hace en reunión
    de almas sin suerte?

    -Se leen las cartas.



    VImirándote.

    He notado algo extraño
    en tu mirada.

    No sé si es que te aburriste
    o simplemente,
    hoy no me quieres ver.

    Te cuento un chiste
    -No te ríes-
    Te voy a dar la mano
    -Guardada en tu bolsillo-
    Te invito a comer
    -Estás a dieta-
    Te voy a dar un beso
    -Labial recién puesto-

    Miro al cielo
    -Gato maldito-



    VII

    Estoy solo
    como siempre
    un sábado por la noche.

    Las nubes se escondieron
    cuando las aves quisieron
    aprender a volar.
    Mis ojos se fueron
    cuando mis lágrimas
    quisieron derramar.

    La máquina de escribir
    la perdí
    hace años atrás.
    Y todavía no la encuentro,
    es más,
    la voy a ir a buscar.



    VIII

    Alicia
    me despertó esta mañana
    con un beso
    en la mejilla.

    Me preguntó
    cómo andaba mi corazón,
    si estaba sanado
    si había empeorado.

    Yo había dormido
    dos horas
    -como mucho-.

    Me había quedado
    hasta las cinco
    de la mañana
    contando los lunares
    de su espalda.

    Le dije:
    Tienes doscientos lunares
    en la espalda.

    Me dijo:
    No sabes contar,
    son doscientos tres.

    Le dije:
    ¿Cómo es posible?

    Me dijo:
    Lo sé bien,
    Andrés,
    el ingeniero,
    los cuenta
    de lunes a viernes.

    Le dije:
    Soy poeta,
    no ingeniero.

    Me dijo:
    Lo noté.

    -Y se fue-



    IX

    De nuevo
    el gato me estaba
    mirando.

    Compré tres litros
    de leche
    chocolatada.

    Salí a la vereda
    con un frío
    infernal,
    -poco digo-
    si hasta los bigotes
    tenían escarcha.



    X, ordenando.

    Abrí la caja
    empolvada hasta el tope
    de un polvo rancio
    como si llevara
    cuatro años
    y cinco meses
    donde mismo.

    -Me acordé de ti-



    XI

    Si el mar es azul,
    profundo e inmenso.

    Y te cuento,
    que en el aprendí
    a nadar.

    ¿Por qué no pude nadar
    -en tu cuerpo-
    con mi amor sincero?



    XI

    ¿Te acuerdas
    cuando dije que todo
    sería para siempre?

    Cuando el amor se acabaría
    tu recuerdo viviría
    en mi ser.

    Que si te lloraría un mes
    te recordaría tres.

    Me recuerdas, tal vez.

    Si me fui un día martes
    a eso de las diez
    tomé la micro
    y en el paradero
    -en un robo-
    mi celular entregué.

    Cuando te grité
    ¡Quédate!
    porque tenía un regalo
    para ti.

    Cuando tu cabeza levanté
    en la frente besé
    una lágrima sequé
    y te dije
    Todo estará bien.

    Me recuerdas, tal vez.

    Me la rechazaste
    y aún así
    tu mano tomé.

    Te abracé
    por un segundo
    y te tuve un mes.

    Me recuerdas, tal vez.

    Cuando escribí una carta
    de tres planas
    y un simple gracias
    esperé.

    Cuando me creí superhéroe
    un ramo de flores
    te entregué
    y un simple beso
    esperé.

    Cuando no me contestaste
    y te entendí.

    -O al menos lo intenté-

    Me recuerdas, tal vez.

    Como yo te recordé
    cuando esa caja
    desempolvé
    y saqué cada uno
    de esos poemas
    que te dediqué.

    Y vi esa foto
    tuya con sonrisa
    que tanto guardé.

    Cuando me di cuenta
    que nunca te tuve
    y que nunca
    te tendré.

    Me recuerdas, tal vez.

    Como yo te recordé
    -como yo te extrañé-.

    Cuando sentí
    que me equivoqué
    que de una mujer
    que no me quiso
    me enamoré.

    Te ha pasado, tal vez.

    Sentirte rechazado
    -solitario-
    en un almacén.



    XII

    Estaba sordo
    o no quería escuchar.

    Salí a la plaza
    y prendí un cigarrillo.
    Me fumé hasta el filtro
    y me levanté.

    Crucé la calle-
    -abrí la reja
    entré-
    -miré
    cerré la reja-
    -caminé sobre piedras
    la puerta abrí-
    -entré
    cerré-

    Subiendo las escaleras
    al cielo miré
    húmedo
    cayéndose a pedazos

    Entré a mi pieza.
    estaba aún con pijama.
    las luces apagué.

    Y me acosté.



    XIII, adiós.

    Tomé unas tijeras
    una peineta
    o un peine
    -no importa-

    Tomé mi cabello
    y lo asesiné.

    -Sangre hasta los tobillos-

    Me despedí
    con un beso en la mejilla
    le dije adiós a los niños
    y a las niñas.

    En la mesa
    todo lo que podía entregar
    tres cajas
    de litro cada una
    de la mejor leche
    que vendían en el almacén.

    -Chocolatada, por cierto-



    XIV

    Con el miedo
    a flor de piel
    tomé el tren.

    Una señorita
    de poca monta
    me sonrió
    le faltaban tres dientes
    y un poco de amor.

    Buena moza pese a todo
    me miró todo el viaje
    yo con un ramo de flores
    marchito
    y ella con un corazón
    conscripto.

    No cruzamos palabra
    me bajé en dos estaciones
    más allá
    de la anterior
    a la de ella.



    XV, con pestillo.

    Los niños duermen
    no quiero que seas desubicado
    aparte,
    la señora del almacén
    me dijo como
    le coqueteas.

    Ese pelo
    tan largo
    que tienes me apesta.

    -A ella le gusta-

    Si no fuera
    porque iba sin lentes
    no te habría entregado
    mi número telefónico
    hace cuatro años.

    -A ella le gusté-

    Si no estamos
    dejemos de estar
    que solo gastamos
    aliento
    y ya no queda aire
    que respirar.

    Me recuerdas, tal vez.

    Era el tipo peculiar
    que te sedujo con una mirada
    las palabras
    solo vinieron
    a empeorar.

    -Tú nunca leíste-

    Los poemas que te entregué
    y adivina
    por qué lo sé:

    Al final de cada poema
    y de cada carta anoté
    si este poema - si esta carta
    terminaste
    alguna vez que te pregunte
    -mi amor-

    ¿Me recuerdas?
    me responderás
    tal vez.

    Créeme que lo intenté
    pero muchas veces
    te pregunté
    y respondiste
    no sé.



    XVI

    Amor
    a dónde fuiste
    que me dejaste aquí

    Si el mar es tierra
    del barco
    en el que me subí

    Te buscaba cada día
    detrás de cada ola
    empezando
    por donde te perdí

    Si la locura fue cordura
    viendo lo que nunca fui
    te tuve pensando
    en que nunca te vi

    Y que fue todo mentira
    tanto que pienso
    que el dolor
    en mi pecho
    es el beso que
    nunca te dí





    Enrique Soto Muñoz, escrito la noche del sábado, madrugada y noche del domingo, para ser terminado la madrugada del lunes.